ENCUENTREN A NUESTRAS HERMANAS

Rosineia Aparecida Dos Reis, Provincia de Brasil

Soy la Hermana Rosineia; soy de Brasil. Soy Hermana del Sagrado Corazón de María; el 22 de enero de 2017 he renovado mis votos de pobreza, castidad y obediencia – tres años de vida religiosa consagrada que he vivido con alegría. Y con ese mismo entusiasmo y gozo quiero seguir dándome con todo lo que soy y tengo y responder al llamado de Dios en mi vida. Lo que hoy me da energía es la decisión que he tomado por el Reino de Dios y el servicio a los más necesitados, allí donde la vida clama. Es muy importante comprender que se nos llama a ser testigos y discípulos de Jesús. Él nos sigue ofreciendo el don de su gracia y de su perdón por medio de su misericordia. Me da mucha alegría compartir con ustedes algo de mi ministerio en Teresina-Piaui. Cuando llegué al territorio de “Diaconía Nuestra Señora de Fátima y de los Beatos Francisco y Jacinta” me enteré que faltaban catequistas para los programas de catequesis y faltaba organización. Intenté enfrentarme a esos desafíos. Creamos un equipo de coordinación implicando a los catequistas. Nos encontramos con muchos desafíos, pero hoy veo lo mucho que esta semilla ha ido creciendo.  Soy también miembro de la rama regional de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Brasil. Me siento feliz y realizada, caminando como Religiosa del Sagrado Corazón de María, junto al pueblo de Dios. Me siento profundamente amada por Dios, y quiero vivir intensamente mi consagración religiosa, al estilo de María, modelo de discípula y testigo.

 

Ellen O'Leary, Provincia de Europa del Norte

Durante muchos años, mi ministerio se ha centrado en trabajar con las víctimas de la trata de personas y la prostitución. Hice 10 años de voluntariado en Ruhama, una ONG irlandesa y me inscribí en una organización benéfica que ofrece apoyo a las mujeres afectadas por la prostitución, el tráfico sexual y otras formas de explotación sexual comercial. Los servicios de Ruhama se centran en las necesidades de la persona, y mi trabajo ha sido en las áreas de vivienda y defensa de los derechos de las mujeres para que puedan vivir de forma independiente, cuando obtienen su propio alojamiento personal. Más recientemente, he participado activamente en la Sociedad de San Vicente de Paúl, prestando apoyo a las familias necesitadas, por ejemplo, en materia de educación y cuidado de los niños, para que la madre soltera pueda aprovechar la formación y las oportunidades y así salir de la pobreza. También he sido voluntaria en “Childline”, un servicio telefónico que apoya a los niños que están solos o en crisis. El enfoque es principalmente escuchar y conseguir que el niño ayude haciendo preguntas como “¿qué crees que deberías hacer?” El servicio es confidencial a menos que se trate de una situación de abuso, que estamos obligados a denunciar. Me siento privilegiada de poder servir en estos ministerios, que no sólo satisfacen algunas de las necesidades críticas de nuestro tiempo, sino que están muy en la tradición de las obras de nuestro Fundador, que hizo un trabajo similar con las mujeres y los niños hace 170 años.

Florence Muuka, Región de Zambeze

Me encontré con las RSCM cuando era alumna de la escuela St. Joseph en Chivuna, Zambia. Cuando pensé en la vida religiosa, primero pensé en una congregación local en Zambia. Después de algunas conversaciones y experiencias visitando congregaciones, me di cuenta que la misión de las RSCM, “conocer y amar a Dios y darle a amar y conocer, para que todos tengan vida” me cautivó y me sentí llamada a ella. Hice mi primera profesión de votos en 1996, el año en que se constituyó la Región Zambezi. (Antes Zambia y Zimbabue eran regiones de otras dos provincias).
Profesionalmente, soy enfermera y ejercí como tal hasta que me nombraron superiora de la Región  en 2014. Siento no poder dedicarme a este ministerio, pero he tenido la suerte de acompañar a una de nuestras Hermanas jóvenes que es enfermera. Como superiora regional, mi mayor alegría es comprender cada vez más la misión de las RSCM y tener la oportunidad de compartirla. Tengo también la posibilidad de conocer más a fondo a nuestras y a su realidad. Encuentro que nuestra diversidad y nuestra internacionalidad constituyen una riqueza, y mi identidad como africana y RSCM constituyen una experiencia de esa riqueza. Cuando visito otras congregaciones o asisto a conferencias de superioras mayores, en África, aprecio las características únicas que tenemos y estoy muy agradecida a Dios por haberme conducido a las Religiosas del Sagrado Corazón de María.

Ana Luísa Pinto, Provincia Portuguesa

Cuando conocí a las Hermanas del Sagrado Corazón de María,  yo era una joven estudiante universitaria – lo que más me impresionó fue su alegría y sencillez. En las RSCM encontré la misma pasión y deseo que tenía de seguir a Jesucristo, en una vida entregada en amor y servicio a todos, particularmente a los más pobres. ¡El sueño de un proyecto de vida cristiana compartida en comunidad se hizo realidad! La confianza en la fidelidad de Dios y el apoyo de las Hermanas me dieron el valor necesario para hacer mi primer compromiso en 2004 y convertirme en miembro del Instituto. Desde entonces, ser una RSCM ha significado para mí asumir continuamente el desafío del Evangelio y el espíritu de Fe y Celo que marcó a nuestros fundadores Jean Gailhac y M. St Jean, y continuar hoy en día la misión de “conocer a Dios y hacerlo conocer, amar a Dios y hacerlo amar, para que todos puedan tener vid”. Al mirar mi camino como RSCM, me veo como una “peregrina” a la que Dios llama continuamente a caminar en la fe, sostenida por su amor, y a la que desafía a estar abierta y a crecer con las sorpresas, las alegrías y las dificultades, los encuentros… con todas las bendiciones del camino. Llamada en la actualidad a servir en el liderazgo, me anima la confianza en el amor de Dios para con nuestro Instituto y nuestro profundo deseo de ser mujeres de “esperanza profética” que caminan juntas y, en colaboración con otros, proclaman que todos tienen un lugar en nuestra “casa común”.